Opinión

Carlos Bonfil: Rostros de una mujer

Cuatro vidas y una sola mujer. La apuesta es singular y atractiva. A partir de un recuento parcialmente autobiográfico de su guionista Christelle Berthevas, el realizador francés Arnaud des Pallières (Michael Kolhaas, 2013), construye en Rostros de una mujer (Orpheline/Huérfana, 2016), el relato, cronológicamente fragmentado, de una experiencia femenina. Cuatro actrices interpretan el papel de una misma mujer –de la niñez a la edad madura– que adopta nombres diferentes ante los hombres que la violentan o protegen. Una forma camaleónica de aprovechar su condición de orfandad (sin padres, sin domicilio fijo, sin amarras domésticas ni arraigo alguno, como la joven vagabunda Sandrine Bonnaire en Sin techo ni ley, de Agnès Varda), para diversificar sus nombres –Kiki niña, Karine adolescente, Sandra joven inquieta, Renée mujer profesionista– y declinar así sus identidades como estrategia límite de supervivencia.
Source: Opinión

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