Opinión

Hermann Bellinghausen: ¿Dónde estabas en el 68?

Esa pregunta fue recurrente hasta la obsesión en los años posteriores al movimiento estudiantil y su hito monstruoso del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas. En los ámbitos universitarios y de la militancia golpeadísima no hacía falta preguntar, todos tenían la anécdota o la justificación en la punta de la lengua, y no era para menos. “No me tocó la balacera porque andaba pedo”, lamentaba Roberto Escudero, representante de Filosofía y Letras. El trauma de no haber estado en Tlatelolco no era menor al de haber estado. No caer preso fue un castigo de otro modo para los “muchachos de entonces”, como los llamaría Elena Poniatowska, una de sus cronistas.
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