Opinión

Hermann Bellinghausen: Milagro fotográfico

En el Pueblo de Dios, en los límites de la Montaña de Guerrero con la Mixteca oaxaqueña, en 1989 nos fueron revelados grandes misterios y milagros y su comprobación fotográfica. Allí la verdad se revelaba en fotos. Frente a la ermita del profeta Juan, giré en redondo. Una multitud silenciosa quería ver, o más bien vernos ver los milagros, que contemplamos en amplificaciones de Instamatic sobrexpuestas. “Puro charolazo”, nos había prevenido antes el biólogo Alejandro Casas. De las manchas y veladuras surgían demonios y condenados, cruces, vírgenes y, en un pliegue de la camisa del profeta, la silueta del Espíritu Santo. En la foto, Juan Crecencio sostenía una Polaroid indescifrable y le brotaba sangre de la boca.
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