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Libro de lava y fumarolas

Virginia Bautista

CIUDAD DE MÉXICO.

El volcán Paricutín, ese coloso de tres mil 170 metros de altura que nació en Michoacán el 20 de febrero de 1943, marcó para siempre la vida del pintor y escritor mexicano Gerardo Murillo, el Dr. Atl (1875-1964). No sólo porque tuvo la oportunidad única de registrar como artista su evolución durante ocho años, sino porque perdió una pierna a consecuencia de un accidente sufrido en una de sus expediciones.

El vulcanólogo jalisciense realizó “un diario ilustrado” del Paricutín, como él lo denominaba. Unos 124 dibujos, fotografías y pinturas, más 37 ilustraciones, dan cuenta de la pasión del explorador por esta montaña cuya lava arrasó todo lo que se encontraba a 25 kilómetros a la redonda, incluido el pueblo tarasco de Parangaricutiro.

Tras haber pintado y hasta escalado volcanes como los mexicanos Popocatépetl e Iztaccíhuatl y los italianos Etna y Strómboli, quien estudió filosofía en la Universidad de Roma y derecho penal en la Sorbona de París no pudo resistirse a registrar con minuciosidad las etapas eruptivas, los flujos de lava y las fumarolas del Paricutín.

Así, Los hechos y Las deducciones que apuntó el Dr. Atl desde días antes de la aparición de la primera columna de gases, hasta junio de 1950, integraron el libro Cómo nace y crece un volcán. El Paricutín, publicado ese año por Editorial Stylo.

Ahora, 67 años después, El Colegio Nacional, al que el pintor aceptó ingresar el 6 de noviembre de 1950, aunque renunció a ser miembro el 5 de julio de 1951, lanza la primera edición facsimilar de este “libro de culto que ya no se consigue”.

El editor Alejandro Cruz Atienza, director de Publicaciones de este organismo que también nació en 1943, como el volcán, explica que el Dr. Atl es aún uno de sus miembros, ya que aceptó el nombramiento, por lo que decidieron reeditar este título, del que en 1950 se publicaron mil 200 ejemplares, la mayoría de ellos firmados por el artista.

“El Dr. Atl, quien se consideraba biógrafo y partero del Paricutín, hizo una bitácora, un día a día, del nacimiento de ese volcán, del que se cumplen 75 años en 2018. Este fue el pretexto para recuperar esta obra de valor bibliográfico, por su belleza, por su documentación y por su historia”, comenta en entrevista.

“Estamos ante un libro que complementa de manera muy afortunada tanto la parte artística de este hombre polifacético, sensible y maravillado por la naturaleza, como de su aproximación y apreciación científica al fenómeno.

“Es decir, él no sólo era un amante de contemplar la naturaleza de los volcanes, sino que estudió la vulcanología. Hay aportaciones científicas de valor, conjuga arte y ciencia de manera excepcional”, agrega el editor.

Cruz Atienza detalla asimismo que la edición que presentan ahora es idéntica a la original. “Ha sido todo un trabajo de traducción de materiales, de investigación, de ver cómo llevarlo a una factura lo más cercana posible a lo que hizo en aquel momento el Dr. Atl”.

Explica que lo lanzaron en dos versiones: una en tapa dura, con una tela que la cubre, la portada grabada en seco, guardas. “Todo es igual, excepto el grosor del cartón de la portada de tapa dura y los óleos, que el pintor imprimió en un cartón más grueso que metía en el libro, y ahora lo incluimos en el pliego del couché”.

Dice que además se imprimieron mil ejemplares en edición rústica, “para que circule de una manera más amplia”.

El editor destaca la importancia de rescatar esta monografía vulcanológica. “El original es una pieza de mucho valor que está agotada. Si lo encuentras en segunda mano cuesta como 20 mil pesos cada ejemplar. El diseño es de Cristina Paoli y fue un diálogo permanente para elegir papeles, forma de escaneado, acabados, para hacerlo más cercano al original”.

Reporte valioso

En el prólogo, el geofísico Jaime Urrutia señala que, además de las observaciones y las imágenes de Gerardo Murillo, Cómo nace y crece un volcán… recoge los relatos de los testigos del nacimiento y la actividad del Paricutín.

“El reporte del Dr. Atl de la etapa inicial de la actividad eruptiva del Paricutín es especialmente valioso, pues da cuenta del rápido crecimiento del cono, la emisión de lavas y el carácter cambiante de las erupciones.”

El miembro de El Colegio Nacional concluye que “los dibujos al carbón, tonales y a lápiz ilustran la capacidad de observación, abstracción e interpretativa del Dr. Atl, resultado de su experiencia y sus estudios de otros volcanes”.

Para Alejandro Cruz, el Dr. Atl es “un personaje sensacional, siempre a contracorriente, maestro de Diego Rivera, huelguista, revolucionario contra Victoriano Huerta. Estuvo en Inglaterra, Alemania, Francia, España e Italia. Siempre con una veta muy cuestionable de atracción hacia lo nazi, más por excéntrico que por una cuestión de orden social”.

En este sentido, asegura, debe entenderse la renuncia del inventor de los aeropaisajes a ser miembro de El Colegio Nacional. “Le mandaron una carta para anunciarle que fue seleccionado y él envió una misiva muy agradecida, en la que expresaba que por fin con esto podía encontrar un puerto de anclaje para darle estabilidad a su vida. Lo tomó como un llamado a puerto. Aceptó el reconocimiento, por eso sigue siendo miembro.

“Poco después dio el giro y renunció dando dos argumentos: que la carta que le enviaron estaba a nombre de Gerardo Murillo (su nombre de pila) y que él es el Dr. Atl (su seudónimo), una persona distinta; además, que él no podía estar en muelle, que seguiría su vida apasionada y que su naturaleza era estar en altamar”, indica.

Finalmente, el editor evoca cómo ni la pérdida de la pierna frenó la creatividad del Dr. Atl. “Él era un gran caminante. Llegaba a pie a todos los paisajes que retrató, se sentaba cerca y dibujaba lo que veía frente a sus ojos. Cuando va al Paricutín a hacer este libro, la lava toca una de sus piernas y la pierde. Se queda minusválido, ya no puede caminar.

“Sin embargo, para seguir creando paisajes, se subía en helicópteros o aviones para verlos y seguir retratándolos, así nacieron sus aeropaisajes. Era incansable en ese sentido de búsqueda. También creó una serie de pinturas, Atl Colors, unos pigmentos pasteles hechos para tener ese registro tan particular de los paisajes”, apunta.

Con 328 páginas, esta edición facsimilar escrita e ilustrada por el Premio Nacional de Ciencias y Artes 1958, cuya obra ha sido decretada Monumento Artístico, se terminó de imprimir en noviembre pasado y el tiraje consta de 500 ejemplares en tapa dura y mil copias en rústica.

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