Opinión

Víctor Flores Olea: La hora de los encuentros

Algunos han llamado tsunami al terremoto electoral que el pasado domingo primero de julio desató Andrés Manuel López Obrador. Seguramente con toda razón, porque quienes vivimos ese acontecimiento en la provincia mexicana pudimos ver hasta qué punto el día se convirtió en una fecha de esperanza, de inicio de una nueva vida, de nuevos destinos para quienes vivían los suyos como fatalidades inevitables. En la oscuridad se encendió una luz que prometía otros destinos, otras vidas, nuevas esperanzas. Alguien me llegó a decir que en el día después hasta el aire que se respiraba era diferente, más ligero y limpio.
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